jueves, 11 de febrero de 2016

El CEREBRO, LA MENTE Y LAS COMPUTADORAS


EL ORDENADOR Y LA MENTE de Philip N. Johnson-Laird, Ed. Paidós, 2da. Edición revisada, Buenos Aires, 2000, 412 págs. (Publicado originalmente el Suplemento Cultural de El País)

La idea de que el cerebro es una suerte de computadora sofisticada está generalizada aunque nunca ha logrado el apoyo unánime de la comunidad científica dado que implica demasiadas cosas a nivel moral, científico, e incluso metafísico. El investigador británico Johnson-Laird se ha propuesto, desde los años 70, profundizar en las analogías entre los ordenadores y el funcionamiento de la mente para demostrar, empírica y racionalmente, que todos los procesos mentales son computables y que hay un modelo global de funcionamiento que explica la dinámica de todas las acciones humanas. Para elucidar los diferentes aspectos de la vida mental mediante teorías computables se propuso la consideración de las principales tareas de la mente humana tales como la percepción del mundo, los procesos de aprendizaje y su relación con la memoria; los mecanismos de reflexión y de creación; los procesos comunicacionales; y la génesis de la experiencia de sentimientos, intenciones y autoconciencia.
El desarrollo de la ciencia cognitiva en esta dirección ha dado buenos frutos en numerosos campos como el de la neurofisiología, la genética, o el de la inteligencia artificial. Los fisiólogos trabajan actualmente con éxito en el desarrollo de interfases que permitan sustituir los órganos de los sentidos por máquinas para poder así -por ejemplo- restituirle la vista a los ciegos. Los ingenieros en genética, en cambio, han utilizado las teorías cognitivas computables para explicar, modificar, y controlar el comportamiento de formas de vida inferiores. Y en el campo de la inteligencia artificial, se han logrado robotizar plantas industriales y desarrollar máquinas ajedrecísticas con habilidades similares a las de los grandes campeones mundiales. La eficacia operativa de estas teorías le ha otorgado un nuevo valor estratégico a los estudios de la cognición, y gran parte de la comunidad científica mira en esa dirección.
De este lado del Atlántico, Philip Johnson-Laird no resulta un autor tan conocido como pueden serlo sus colegas Jerome Bruner o George Miller aunque su estatuto académico sea parecido. Sin embargo, para el mundo académico anglosajón Johnson-Laird es quizás la figura más sobresaliente del panorama de las ciencias cognitivas y el expositor mejor dotado para presentar en forma accesible sus ideas. Ha desarrollado gran parte de su carrera en Cambridge y se ha destacado por su capacidad para amalgamar las fuentes de conocimientos más diversas en su elaboración de modelos de funcionamiento mental. Johnson-Laird sabe bien que el problema teórico contemporáneo más importante no es la producción de conocimientos específicos nuevos, sino el establecimiento de síntesis globalizadoras que respeten lo descubierto por las diferentes disciplinas y subdisciplinas asociadas al estudio de los procesos mentales. De ahí que se imponga la necesidad de un nuevo enciclopedismo teórico que contemple tanto los aportes de la neuroquímica como la ingeniería de sistemas.
El primer gran trabajo de Johnson-Laird fue Mental Models (1983) donde esbozaba las ideas que cinco años después articularía magistralmente en este manual de psicología cognitiva consistente y arrollador. A cada paso, Johnson-Laird se esfuerza por contrastar sus hipótesis de trabajo con los aportes de la biología, la etología, la lingüística, o incluso el psicoanálisis, procurando un marco lo suficientemente abarcativo como para explicar convincentemente los procesos de razonamiento y de desarrollo de la inteligencia sin dejar de lado los aspectos emocionales y afectivos involucrados. Simultáneamente se encarga de señalar las insuficiencias de los modelos propuestos por el estructuralismo y la Gestalt.
Por ejemplo, cuando le toca el turno a Piaget, señala que este destacado piscólogo suizo "...nunca proporcionó una explicación del desarrollo de las estructuras mentales que fuera lo suficientemente explícita como para ser modelada en un programa de ordenador" ,y que por lo tanto su teoría es como un reloj virtual sin maquinaria posible.
La síntesis lograda por Johnson-Laird impresiona al resolver problemas teóricos de muy diversa índole (perceptuales, cognitivos, sensoriales, etc.) mediante leyes relativamente simples que se aprovechan habitualmente para el diseño de programas de computación.
De todas formas, pese a la solidez del modelo computacional, todavía resulta muy primitivo en muchos aspectos. No es posible aún deducir de este modelo una psicopatología que vaya más allá de ciertos problemas muy evidentes de "hardware". Tampoco resulta muy útil para entender los procesos históricos de producción de subjetividad o la génesis social de los valores.
Luego de la lectura de este volumen el lector puede preguntarse si todo nuestro conocimiento de la realidad no será más que un conocimiento de los modelos teóricos que hemos elaborado para manejarnos en un mundo confuso y cambiante. Tal vez por eso en el siglo XVIII, durante el imperio de las máquinas a vapor, se empezó a considerar al ser humano como una obra de relojería orgánica con motorcitos, poleas, y fluidos que circulaban abriendo y cerrando válvulas. En esta era en que todo se digitaliza, convirtiendo la energía en símbolos y los símbolos en acciones operadas por computadoras, resulta lógico suponer que observemos la naturaleza humana desde la lógica binaria de un computador. A veces se ve sólo lo que se quiere ver y lo que una cultura determinada permite ver.
El filósofo Bertrand Russell, luego de haber estudiado numerosos protocolos de investigación muy bien fundamentados, señaló con sagacidad cómo los animales "evidenciaban" las idiosincrasias nacionales de los investigadores. Había observado que los animales estudiados por los norteamericanos se movían frenéticamente y hacían un gran despliegue de energía hasta dar con el solución por ensayo y error. Para los alemanes en cambio, sus animales permanecían quietos observando el origen del problema y reflexionando alternativamente sobre las soluciones ya ensayadas hasta que finalmente daban con la correcta.

Juan E. Fernández

NIETZSCHE SEGÚN VATTIMO


Introducción a Nietzsche de Gianni Vattimo, Ed. Península, Barcelona, 1996, 220 págs. (Publicado originalmente en el Suplemento Cultural del diario El País)

Junto con Marx, Nietzsche ha sido uno de los dos filósofos alemanes del siglo diecinueve más influyentes en el pensamiento contemporáneo y en ambos casos sus respectivas obras han sido objeto de la más diversas interpretaciones. Pero a diferencia del fundador del materialismo dialéctico, Friedrich Nietzsche (1844‑90) hizo gala de una deliberada falta de sistematicidad en sus escritos, encargándose además de convertir esa característica en un peculiar estilo de pensamiento. Hecho que sumado a diferentes contradicciones presentes en su vasta producción propició las lecturas más disímiles.
Algunos han visto en sus trabajos el reflejo de un Rousseau alemán que pasó por un período “voltaireano” para desembocar con su Zaratustra en curiosas fórmulas místicas. Otros lo emparentaron vocacionalmente con los grandes moralistas alemanes como Kant o Eduard von Hartmann y señalaron que la verdadera intención de Nietzsche era enseñar al hombre su potencial autonomía.
A pesar de la célebre sentencia nietzscheana “Dios ha muerto” y de sus virulentos ataques a las iglesias no faltaron los críticos religiosos que vieron en sus libros una formulación radical del pensamiento cristiano. En tal sentido, el célebre teólogo Paul Tillich creyó atisbar ‑gracias a complejos malabarismos conceptuales‑ una extraña búsqueda nietzscheana de “Dios más allá de Dios”
Pensadores como Jaspers también arrimaron agua a su molino intentando leer a Nietzsche en clave existencialista, aproximándolo al amargo danés Sören Kierkegaard mediante una jerarquización deliberada de algunas de sus obras como Humano, demasiado humano o La Gaya Ciencia en desmedro de las restantes.
El escritor Irving Yalom colaboró recientemente en la diversificación de interpretaciones, proponiendo en su novela El día en que Nietzsche lloró la hipótesis de que el germen del pensamiento psicoanalítico debe ser rastreado justamente en la obra del inventor del “superhombre”.
En virtud de nuevas lecturas hay quienes se animan a presentar a Nietzsche como un epistemólogo moderno que abandona la racionalización de lo real para abocarse a la racionalización del conocimiento y su posibilidades.
Por otra parte, tanto los anarco‑individualistas contemporáneos como los nazi‑fascistas han elaborado sus propias traducciones de la “voluntad de poder” enunciada por aquel sufriente filósofo de emblemáticos bigotes, que arrastró desde su juventud las secuelas de la sífilis y que terminó sus días con un grave desequilibrio mental. Padecimiento que llevó a varios psiquiatras a simplificar la cuestión y a señalar que en todos sus libros es posible encontrar las marcas de la locura y las huellas del delirio.
Con paciencia digna de un preso a perpetuidad, Vattimo revisa cuidadosamente más de un siglo de ensayos sobre Nietzsche, reseñando las diferentes líneas interpretativas pero descuidando casi totalmente la información básica de los diferentes autores que se han animado a opinar .
No es la primera vez que Vattimo (filósofo contemporáneo nacido en Turín que desde mediados de los años ochenta alcanzó notoriedad internacional gracias a sus reflexiones sobre la posmodernidad y el denominado “pensamiento débil”) analiza la obra de Nietzsche. Ya en 1974 había publicado El sujeto y la máscara. Nietzsche y el problema de la liberación y en 1981, (cuatro años antes de redactar este manual) escribió Más allá del sujeto. Nietzsche, Heidegger y la hermenéutica, convirtiéndose en su más destacado intérprete italiano. Incluso se ha señalado que la obra de Vattimo debe ser entendida como una recontextualización del pensamiento de Nietzsche y Heidegger.
A diferencia de lo que Vattimo muestra en otros libros (La sociedad transparente; El fin de la modernidad) en éste opina poco, limitándose a enunciar su tesis sobre Nietzsche; análisis que curiosamente encuentra una exposición mucho más clara en Ética de la interpretación, libro escrito en forma casi simultánea a esta introducción aunque publicado algo después.
Según Vattimo, Nietzsche funda una ontología nueva, “posmetafísica”, que capta el ser como evento, como una configuración particular de la realidad en un momento histórico determinado e intransferible.
A lo largo de su investigación, Vattimo se relega a un discreto segundo plano haciendo hablar a otros, en un explícito intento de construir una guía actualizada de lectura de uno de sus héroes intelectuales. Impulso que deja entrever en su arquitectura un delicado trabajo de indagación hecho por y para la academia de su país. De ahí que su alcance y utilidad sea relativa, siendo de exclusiva utilidad de estudiantes e investigadores.
Hilando más fino también es posible conjeturar ciertas rivalidades escolásticas o nacionalistas cuando soslaya casi totalmente a los franceses Michel Foucault y Gilles Deleuze, que durante décadas se ocuparon de revitalizar numerosos planteos nietzscheanos. Autores que apenas son mencionados mientras que Vattimo le dedica una espacio mucho mayor a otros actores del esta historia, partícipes de un magisterio mucho más discutible o bien inexistente.

Juan E. Fernández

LA TRANSFORMACIÓN DE LAS FAMILIAS SEGÚN ELIZABETH JELIN


PAN Y AFECTOS: La transformación de las familias de Elizabeth Jelin, Ed. Fondo de Cultura Económica, Buenos Aires, 1998, 144 págs. (publicado originalmente en El País Cultural en el año 2000)


Desde hace tres décadas la familia se ha visto afectada por las evoluciones demográficas, tecnológicas, y económicas, estableciéndose de esta forma nuevos regímenes de reproducción de las poblaciones y de su fuerza de trabajo, al tiempo que se han alterado las relaciones entre los sexos y se ha devaluado la familia como lugar de destino.
Aunque siempre hubo formas diversas de concebir la convivencia y de enfrentar la sexualidad y la procreación a lo largo de los últimos dos siglos ha predominado una imagen idealizada de la familia: la familia nuclear y patriarcal. Este modelo de convivencia que reposa en la co-residencia de una pareja heterosexual y monogámica con sus hijos, que establece su propio hogar al contraer matrimonio, ganó tal solidez que se la terminó reconociendo como un modelo natural e inmutable sinónimo de lo normal. "Normalidad" que además ha exigido una asignación específica de roles en la que el padre y jefe de familia concentra el poder mientras la mujer-esposa y los hijos desempeñan papeles subordinados.
En forma paralela al reciente crecimiento de los hogares monoparentales y al florecimiento de los más diversos arreglos de convivencia y acuerdos sexuales entre parejas se han multiplicado los estudios culturales que demuestran la variabilidad histórica de las formas de organización familiar.
El análisis de la multiplicidad de formas de convivencia y familia que han existido históricamente le sirve a Elizabeth Jelin para demostrar que la familia es una institución social en continua transformación, pasible de ser cuestionada y democratizada en su funcionamiento interno. Jelin se encarga de desmontar las diversas dimensiones de la organización familiar analizando su relación con la esfera de la producción y el consumo y viendo como estos aspectos inciden en las relaciones internas y en la sexualidad. "En la realidad cotidiana, el Estado y diversas agencias sociales intervienen permanentemente conformando a la familia y los roles dentro de ella, controlando su funcionamiento, poniendo límites, ofreciendo oportunidades y opciones. En este sentido, la conformación de la familia es el resultado de la intervención de diversas fuerzas e instituciones sociales y políticas: los servicios sociales, la legislación, el accionar de las diversas agencias de control social, pero también las ideas dominantes o hegemónicas en cada época, tales como la cambiante definición del ámbito de aplicación de la medicina y de la salud/enfermedad, los mecanismos de regulación de las imágenes sociales prevalecientes sobre la familia y la "normalidad", las ideologías e instituciones educativas o las definiciones sociales del lugar y objetivo de la filantropía y la caridad públicas. Las transformaciones en todo este sistema de instituciones e ideas van conformando históricamente el ámbito de la familia." (pág. 108)
Jelin es una de las figuras más relevantes del pensamiento sociológico argentino y una de las voces más reconocidas y citadas en lo que tiene que ver con la problemática del género y la familia en todo el Cono Sur.
Este libro constituye una excelente síntesis teórica de lo que ella ha investigado y escrito sobre el tema en las últimas dos décadas ofreciendo además una adecuada actualización informativa con datos que llegan hasta 1997. A pesar de su novedad promete convertirse en un nuevo clásico de la sociología latinoamericana.



Juan E. Fernández

lunes, 8 de febrero de 2016

LUDWIG BINSWANGER (1891-1966): APUNTES CLÍNICOS

Abraham Moritz Warburg (1866-1929), más conocido como Aby, provenía de una poderosa familia aristocrática judeo-alemana de Hamburgo y fue heredero de una de las fortunas bancarias más grandes de la Europa decimonónica. Siendo joven aún renunció a su derecho a la primogenitura y a la dirección de los negocios familiares que pasaron a manos de Max, su hermano menor.
De todas formas, el legado económico de su familia le garantizó una vida señorial dedicada tanto al estudio de la filosofía, el arte y las religiones, como a la adquisición de libros; llegando a crear una deslumbrante biblioteca de sesenta mil volúmenes sobre historia del arte y filosofía, que actualmente sobrevive en Londres y continúa siendo consultada por grandes especialistas.
Aby  reveló desde niño una personalidad extravagante, caprichosa y  agresiva, llena de rituales, obsesiones y fobias; y fue objeto de diversos diagnósticos psiquiátricos tales como esquizofrenia o estado maníaco-depresivo. No obstante, en sus períodos de mayor compensación escribió muchos ensayos, realizó múltiples viajes (llegando a vivir con los indios Navajo en los Estados Unidos) y logró elaborar una interesante -aunque despareja- obra sobre la influencia de la iconografía antigua en la cultura europea contemporánea. Su proyecto más ambicioso fue el Atlas Mnemosyne, una colección de imágenes con el que se propuso narrar la historia de la memoria cultural de Europa.
En 1918, afectado por la caída militar de Alemania, Aby desarrolló un intenso delirio persecutorio, llegando a amenazar con un revolver a su familia para ofrecerles una muerte piadosa que los eximiría de sufrimientos mayores, que él intuía inminentes.
Reducido por la fuerza, fue finalmente internado en la clínica psiquiátrica Bellevue, en Kreuzlingen, Suiza, un famoso centro de recuperación dirigido por el doctor Ludwig Binswanger, psiquiatra fundador de un enfoque psicoterapéutico fenomenológico existencial, que fue discípulo y amigo de Freud.
Contemporáneo de los primeros psicoanalistas, Ludwig Binswanger había logrado notoriedad internacional por la riqueza y originalidad de sus informes clínicos y por su modo de interpretar los casos.
Conocedor de la obra de Warburg, con quien compartía muchos intereses, Binswanger lo aceptó con agrado como paciente y documentó regularmente lo que sucedía a lo largo de la intervención. Aunque Binswanger no tenía muchas esperanzas de lograr una adecuada recuperación de Aby, ensayó una larga serie de erráticos intentos (que no respondían a una estrategia definida sino más bien al ensayo y al error) que culminaron en una exitosa reinserción productiva de su paciente a nivel familiar y académico.
Al cabo de cinco años de tratamientos con hidroterapia; de cuidados permanentes brindados por un séquito de enfermeras y asistentes; de intervenciones directas e indirectas de las figuras más eminentes del momento, tales como Emil Kraepelin, Sigmund Freud, y Hans Berger (pionero del electroencefalograma); de conversaciones cultas; e indicaciones farmacológicas de opiáceos y barbitúricos; Warburg consiguió demostrar su nuevo equilibrio psíquico brindando una conferencia en la propia clínica sobre los rituales con ofidios de los indios hopi. Disertación basada en observaciones que él mismo había registrado en su viaje a EE.UU. en 1895. Esta exposición que luego se publicaría en 1939 bajo el título de “Conferencia sobre el ritual de la serpiente” y que continúa siendo estudiado como un texto extraño, lleno de ingeniosos apuntes y sugerencias, jalonó el fin de un proceso y le brindo a Binswanger un renovado prestigio que atraería a nuevos pacientes con importantes trastornos psíquicos como los bailarines Vaslav Nijinski y  Mary Wigman.
Este libro recientemente publicado recoge los apuntes de Binswanger a lo largo de la internación; un ensayo sobre su modo de entender la clínica; además de una gran cantidad de cartas y fragmentos autobiográficos escritos por Warburg en ese período; y una selección del intercambio epistolar que mantuvieron ambos luego del alta.
Quizás el valor más significativo de esta compilación (dejando de lado a los posibles biógrafos de ambos autores) sea el poder observar más de cerca el estado del discurso de la psiquiatría en ese momento histórico. Las cuidadosas anotaciones de Binswanger permiten una buena comprensión tanto del arsenal terapéutico y farmacológico disponible en su época como de las especulaciones científicas sobre la naturaleza de la enfermedad mental.

La curación infinita. Historia clínica de Aby Warburg de Ludwig Binswanger y Aby Warburg. Adriana Hidalgo editora. Buenos Aires. 2007. 342 págs.


Juan E. Fernández Romar

JOHN RALSTON SAUL Y SU CIVILIZACIÓN INCONSCIENTE

       "La economía ha fracasado espectacularmente una y otra vez en sus intentos de aplicar sus modelos y teorías a la realidad de nuestra civilización. No es que no se hayan seguido los consejos de los economistas; todo lo contrario: se han seguido y con sumo respeto. Pero en general no han servido de nada...Si los economistas fueran médicos, hoy serían legión los demandados por una mala praxis profesional" A John Ralston Saul, doctor en ciencias políticas, economía, e historia,  que dicta cátedra tanto en Inglaterra como en Canadá, su país natal, no le gusta el estado actual de las cosas y revela su desagrado con irónica virulencia. Aunque recién ha sido traducido al español, en el mundo académico y político anglosajón es bien conocido y respetado desde hace varios años por dos ensayos anteriores: Voltaire`s Bastards y The Doubteŕs Companion.
Algunos periodistas canadienses, animados por un exceso de entusiasmo han llegado ha compararlo con Bertrand Russell. Aunque Saul no calce aun los puntos de aquel Premio Nobel británico que alternaba la reflexión científica con la teoría social, es cierto que se le parece por la variedad de campos en los que revela competencia y sabiduría.
Erudito e inclasificable, Saul acostumbra a definirse como un "humanista pragmático" y a ubicarse en una posición de izquierda desvinculada de los modelos políticos de los países socialistas, renegando del marxismo y tomando curiosamente como héroe intelectual a Sócrates.
Desde ese balcón que mira hacia el imperio americano -como se ha dicho muchas veces de Canadá - Saul observa el mundo y lo ve sumergido en una crisis sin precedentes, caracterizada por la violencia, la miseria generalizada de mas de un tercio de la población mundial, el colapso planetario de los mercados de trabajo, la caída de los niveles de vida, la pérdida de reglamentaciones justas, la evaporación de lo impuestos que deberían las grandes empresas, la transferencia de tales cargas impositivas a las clases medias, y por la debilitación de los programas sociales. Panorama propio de una civilización globalizada a la que le han sustraído las herramientas para la construcción de una auténtica democracia. Una civilización corrompida por una ideología malsana: el corporativismo. Ideología que socava la legitimidad del individuo como ciudadano y que conduce al culto del interés propio y a la negación del bien público.
Las decisiones importantes no se toman a través de una participación democrática sino mediante una negociación entre grupos relevantes que hacen jugar su interés y su capacidad para ejercer el poder.
En este aspecto Saul encuentra numerosas analogías entre el corporativismo fascista y las actuales formas de funcionamiento de las sociedades desarrolladas. Tanto en la Italia de Mussolini como ahora en la mayoría de los países occidentales, los mensajes subyacentes son eficiencia, profesionalidad, dirección por expertos, orden social mediante continuas negociaciones entre grupos, todo esto enmarcado convenientemente en una sociedad equilibrada por las fuerzas del mercado.
Lejos de cuestionar las formas democráticas de organización social y el derecho a la propiedad privada, Saul defiende los conceptos básicos de igualdad y justicia propios de una democracia individualista, y protesta contra los efectos de un neoliberalismo salvaje que se ampara en un corporativismo delineado por los lobbies empresariales y sus lacayos académicos.
Pero aparte de denunciar Saul esboza también algunas alternativas que pasan por rechazar la persecución desenfrenada del desarrollo económico y la carrera tecnológica,  la recuperación de la conciencia publica mediante mejoras en la educación publica dotándola además de un perfil mas humanista, la regulación internacional de los mercados financieros, y nuevos marcos sociales de control sobre las actividades corporativas.
Una de las tesis fundamentales de este libro es que contrariamente a lo que habitualmente se dice, hay gran disponibilidad de recursos que podrían ser invertidos en programas sociales. Incluso mas que las que había décadas atrás. En realidad lo que ha variado es que los empresarios que antes se contentaban con un 15% o un 20% de rentabilidad ahora exigen a la hora de invertir en un proyecto, un 60% o mas de ganancia. Situación particularmente ventajosa que para cristalizar requirió de un cambio generalizado de mentalidad y de valores, sumergiendo a la civilización occidental en un estado de particular inconsciencia.

LA CIVILIZACIÓN INCONSCIENTE de John Ralston Saul, Ed. Anagrama, Colección Argumentos, Barcelona, 1995, 222 págs.

Juan E. Fernández Romar

Publicado originalmente en: Suplemento Cultural de El País No 371.

FREUD EN EL SIGLO XXI

Publicado originalmente como: “Sigmund Freud en el siglo XXI. Neuronas en el espejo” en Suplemento Cultural del diario El País del 9 de mayo de 2008. 

 Imaginar el mundo contemporáneo sin las contribuciones de Sigmund Freud es tan imposible como imaginarlo sin los efectos del legado de Newton.
 Las teorías actuales sobre las relaciones humanas, las motivaciones individuales y colectivas, la razón o la locura, o sobre la inspiración artística, se encuentran en una discusión continua con las hipótesis psicoanalíticas. Sea para confirmar o refutar, los nuevos edificios argumentales sobre estas cuestiones contemplan forzosamente la visión freudiana.
  No obstante, la teoría psicoanalítica produjo efectos muy diversos al polinizar diferentes culturas. Lo ocurrido en los Estados Unidos constituye un capítulo aparte en la historia de su evolución.
 Al entrar por primera vez en el puerto de Nueva York en 1909, Freud les preguntó irónicamente a Jung y Ferenczi, sus dos compañeros de viaje: “¿Ya saben que les traemos la peste?”
 En efecto, la “epidemia cultural” psicoanalítica se diseminó en todos los rincones de aquel país, generando un impacto inmediato mucho más marcado que en Europa, invadiendo dominios muy disímiles entre sí, tales como la clínica, la pedagogía, la literatura, el cine -y muy especialmente- la publicidad.  En Europa, en cambio, su difusión fue más calma y lenta, expandiéndose con mayor amplitud recién a fines de los años cuarenta durante la posguerra.
  Un país como el Estados Unidos de comienzo de siglo, abierto a la novedad y ansioso de propuestas originales, adoptó rápidamente algunos conceptos como “tabú”, “represión sexual” o “inconsciente”, destinados desde entonces a integrar la jerga popular. Las oposiciones y resistencias levantadas no hicieron más que convalidar los aportes.
 En una de las primeras conferencias psicoanalíticas realizadas en Norteamérica, una “virtuosa dama burguesa”, horrorizada al oír algo sobre los contenidos sexuales de los sueños, le replicó duramente a Freud: “Sepa señor que en nuestro país solo tenemos sueños altruistas”. Situación que sólo despertó risas en la audiencia.
  Pocos años después, las agencias de publicidad incorporaron nuevas formas de explotación de las fantasías inconscientes de las masas, basándose en la teoría psicoanalítica e intentando encriptar mensajes “subconscientes” en sus campañas.
  La difusión de la teoría freudiana en los EE.UU, se aceleró a partir de los años treinta, debido al encuentro y la estimulación recíproca de los primeros psicoanalistas locales con los emigrados europeos que huían del nazismo. En esa década, la mayor parte de los psicoanalistas europeos abandonaron los países que los vieron crecer (Austria, Alemania, Hungría) para radicarse en el mundo anglosajón de Gran Bretaña y Estados Unidos.
  En tal sentido resultaron particularmente significativos los aportes de dos psicoanalistas emigrantes como René Arpard Spitz y Eric Homburger Ericsson, quienes empezaron a dialogar teóricamente con los enfoques antropológicos de Ruth Benedict y Margaret Mead, y con los especialistas norteamericanos de la Psicología del Yo y de la escuela culturalista, como Heinz Hartmann, Harry Sullivan o Karen Horney, entre otros.
  De este modo, el psicoanálisis norteamericano comenzó a adquirir una nueva perspectiva antropológica, sociológica y pedagógica que los alejó del diván original dotándolo de una cierta misión social.    
  Sin embargo, desde la perspectiva cultural rioplatense, los desarrollos y derivaciones norteamericanas de aquel psicoanálisis primigenio, fueron vistos mayoritariamente como simplificaciones que contrastaban con la profundidad y sofisticación de los aportes europeos de la postguerra.

                                               Balance y actualización

  En septiembre de 2006, conmemorando los ciento cincuenta años del nacimiento de Sigmund Freud (1856-1939) el gobierno de Austria, eligió a su Embajada en Washington, D.C. para instrumentar un gran simposio de actualización del psicoanálisis y de valoración histórica de las contribuciones de su fundador.
  Los disertantes elegidos para el evento cubrieron el panorama institucional psicoanalítico estadounidense, integrando tanto programas universitarios de doctorado como a representantes de la American Psychoanalytic Association (APA) y de la American Association for Psicoanálisis in Clinical Social Work (AAPCSW).
 Tal como sucede con muchas de las sociedades psicoanalíticas de países centrales, sus representantes suelen padecer un cierto autismo teórico, mostrándose muy cerrados a las contribuciones extranjeras y en diálogo casi exclusivo con sus compatriotas más inmediatos. Estados Unidos no es la excepción sino la norma; aunque cabe aclarar que con los psicoanalistas ingleses y franceses suele suceder lo mismo, ya que muy habitualmente desconocen que sucede en ese campo del otro lado del Canal de la Mancha.  
  Pero volvamos al evento. El simposio de Washington tuvo una repercusión tan importante que obligó a una tardía publicación de los trabajos presentados.
 Con un prefacio de nada menos que de Heinz Fischer, Presidente de Austria y una introducción de Eva Nowotny, embajadora de ese país en los Estados Unidos, este libro compiló treinta y siete ponencias, muchas de ellas muy breves, probablemente resúmenes de presentaciones más largas.
 Los mejores trabajos refieren a las neurociencias, quizás el lado más fuerte de los desarrollos norteamericanos actuales. El más interesante de éstos es el del Dr. Michael Meagher, investigador que sostiene que la carrera profesional de Freud comenzó en la neurología (investigando la afasia y la parálisis cerebral) y sugiere volver a revisar algunos aspectos de la teoría psicoanalítica bajo la luz de las neurociencias.
  En tal sentido, propone a las llamadas “neuronas espejo” como la base biológica de la empatía, la imitación y el aprendizaje entre humanos, y en particular de los fenómenos transferenciales que tienen lugar entre analista y paciente. Las neuronas espejo son aquellas que se activan especularmente en un observador cuando mira a otra persona realizando una acción.  Los monos también revelan el mismo fenómeno. Por ejemplo, cuando un mono ve a otro recoger un trozo de comida y llevarlo a la boca, en su cerebro se encienden el mismo tipo de neuronas que las activadas cuando se desarrolla esa acción.  
  Asimismo, Meagher discute la teoría psicoanalítica de la amnesia infantil, fenómeno que tiene lugar en el entorno de los cinco años de edad.
  Según Meagher esta particular amnesia no obedece a los efectos de la represión de contenidos sexuales y agresivos intolerables para la conciencia del niño sino que simplemente es producto de su inmadurez neurológica.
 Los niños pequeños sólo cuentan con una memoria procedural inconsciente y sus patrones de relacionamiento responden en principio a ésta. La memoria declarativa que permite un manejo reflexivo en la vida tarda más tiempo en desarrollarse.
  De igual modo, observa otros tipos de amnesia estudiados por el psicoanálisis. Enfrentados a una situación traumática los humanos liberamos glucocorticoides, sustancias que previenen (a nivel hipotalámico) que ese recuerdo se fije y perdure. De esta forma el organismo se protege de una evocación que causa sufrimiento, desplegando un mecanismo diferente a la represión ulterior de un recuerdo doloroso propuesta por el psicoanálisis.
  Otros artículos compilados no resultan tan sugerentes. Especialmente los intentos de explicación psicoanalítica de los conflictos bélicos actuales y en particular los conflictos armados de Medio Oriente. La necesidad de incorporar otras herramientas teóricas (históricas, sociológicas y políticas) se revelan como imprescindibles prácticamente desde la primera línea.
   Una omisión casi risible es la cometida por John Kafka, importante médico y psicoanalista norteamericano, que realiza una revisión de la expansión histórica del pensamiento freudiano en el mundo, contemplando con beneplácito como el mismo ha llegado a desarrollarse con particular énfasis en lugares tan diversos como Turquía, República Checa o Ucrania. Es curioso que en su balance geopolítico, este prestigioso investigador no dedique ni una línea a Latinoamérica y que olvide olímpicamente al psicoanálisis rioplatense (casi una contraseña cultural de argentinos y uruguayos).
  Un auténtico acto fallido, Dr. Kafka.



Freud at 150. 21st-Century Essays on a man of genius. Ed. Jason Aronson Book, USA, 2008; 194 págs.